Los aspectos intangibles del emprendimiento son fundamentales para conseguir inversión.La crisis los ha hecho imprescindibles.

¿Ha cambiado la situación actual la forma en que deben enfocarse las start up para sobrevivir, recaudar financiación y tener éxito? Además de la flexibilidad y la capacidad de adaptación, algunos expertos creen que, más que nunca, es la era del propósito.

La respuesta tradicional al por qué de una empresa, a su razón de ser, probablemente sea que su objetivo es ganar dinero. «Desde mi punto de vista, eso es tan audaz como decir que las personas vivimos para respirar. Es una obviedad, pero no es lo que nos motiva a ser mejores, o, en momentos como estos, nos da la fuerza para ver cuáles son los temas esenciales», subraya Alberto Castilla, socio del área de sostenibilidad de EY.

Hace tiempo que no sólo la sociedad y los activistas se fijan en las cuestiones no financieras de los emprendimientos, sino también los inversores. Un 97% de ellos los tiene en cuenta en sus decisiones de inversión -según una encuesta de EY- y el 89% cree que las cuestiones ESG son incluso más valiosas en momentos de volatilidad y corrección de los mercados.

Por ello, en opinión de Castilla la crisis del Covid-19 y la económica que le sigue refuerzan la transición que ya se estaba produciendo en la manera en que deben pensarse las organizaciones: más allá de realizar una actividad económica rentable, deben generar también un impacto positivo no sólo para los shareholders, sino para todos los stakeholders o grupos de interés vinculados al emprendimiento, desde los trabajadores y sus familias a los proveedores, socios o, por supuesto, los clientes.

El impacto marca la rentabilidad

«En el entorno del Covid-19 se están intensificando los análisis relacionados con la salud y la seguridad. De la forma en que una compañía sea capaz de gestionar la salud y seguridad de sus empleados, por ejemplo, dependerán sus resultados económicos», indica Castilla.

Otra enseñanza del coronavirus es que, cuando haya conocimiento científico disponible sobre determinados impactos, se debe actuar, porque el coste de no hacerlo será mucho mayor.

Finalmente, vivir el propósito implica tenerlo presente en toda la cadena de valor de un proyecto. Los negocios que sobrevivan a largo plazo serán aquellos que mejor sepan conjugar los aspectos tradicionales a la hora de invertir, rentabilidad y riesgo, con el impacto social.

A diferencia de lo que ocurría hace décadas, en la actualidad apenas el 20% del valor de una compañía se refleja en su balance, mientras que su valor real se observa en aspectos intangibles de su modelo de negocio como la innovación, la cultura empresarial, la confianza o la gobernanza corporativa. Y si esto es cierto para cualquier empresa, lo es en mucha mayor medida para las start up.

Olivos para la reconstrucción

Como en otros lugares de la España vaciada, en Oliete (Teruel) habían quedado abandonados en los últimos 40 años unos 100.000 olivos. Para recuperarlos y dar nueva vida a la localidad de 365 habitantes surgió en 2014 Apadrina un Olivo, un programa por el cual una persona financia y bautiza un árbol, explica uno de sus tres cofundadores, José Alfredo Martín Piñas. Así se recuperaron los olivos cuando aún no daban frutos, hasta que empezaron a ser productivos. El siguiente paso fue construir una almazara para fabricar aceite en 2016, que se consiguió entre otros con el apoyo del Premio a la Innovación Social de la Fundación La Caixa. Con esta iniciativa sumaron al proyecto a unos 150 agricultores de la zona y reconvirtieron la producción para hacerla sostenible. Además de posicionar su producto como un equilibro triple entre lo económico, lo social y lo medioambiental -gracias a lo cual forman parte por ejemplo de la cesta de Navidad de Accenture- han generado un intenso turismo rural en el pueblo con las madrinas y los padrinos que van a conocer «su» olivo.

Aprender a emprender

Los ecosistemas de emprendimiento no suelen ser los más abiertos, sino que según «cuántas balas se tenga para gastar hasta dar en la diana» las oportunidades son muy distintas, explica Adolfo Berraquero, director de Innovación en Bridge for Billions. La incubadora, creada por Pablo Santaeufemia, nació para democratizar el acceso al emprendimiento mediante programas de innovación y apoyo en las primeras fases -en las que es más difícil obtener recursos-. Consiguen multiplicar su alcance gracias a la tecnología, en concreto un software propio evolucionado a partir de la metodología de emprendimiento disciplinado del MIT. «Somos la incubadora con mayor número de emprendedores en España, la tercera en Europa, han pasado más de mil emprendedores en 67 países por nuestros programas», indica Berraquero. En su opinión nos encontramos ante un cambio de paradigma en el que el valor sólo puede estar conectado a una reflexión con el impacto. Para quienes defienden que la fortaleza de los emprendedores, sobre todo en tiempos de crisis, depende del «por qué», «aquellas empresas que generan innovación en base a su razón de ser están destinadas a ser líderes en su sector»

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