Que la llamada Transformación Digital trae consigo una revolución del empleo, es una realidad incontestable. La cuarta revolución industrial (The Future of Jobs, World Economic Forum, 2016) o segunda era de las máquinas (Robots, crecimiento y desigualdad de Andrew Berg, Edward F. Buffie y Luis-Felipe Zanna), trae consigo cambios que son estructurales y no coyunturales: cambia la forma de trabajar, cambia la composición del empleo.

Los expertos debaten cuánto empleo se perderá, en contraste con el que se pueda crear, a sabiendas de que, ni en sueños, habrá un equilibrio. La automatización y digitalización conllevan pérdida de mucho empleo y la creación de otros nuevos.

Hace once años, publiqué el libro Marketing de Servicios Profesionales y pronostiqué un crecimiento del empleo en servicios profesionales a través del trabajo autónomo de profesionales de todo tipo, en una suerte de red de profesionales que se complementarían.

Muchos autónomos “cerraron” en los años de crisis, dejaron de cotizar, incluso pasaron a la economía sumergida, porque consideraron esta opción debido a que no podían hacer frente a las responsabilidades tributarias que ser trabajador por cuenta propia llevan aparejadas. Esta tendencia cambió a partir de 2013, y en la actualidad representa en España el 18,3% de los trabajadores afiliados de la Seguridad Social y el 27,6% del empleo. Creo que seguirá cambiando. El autoempleo, irá a más y, de hecho, será el nuevo modo de trabajar en servicios profesionales. Habrá, cada vez más, profesionales que prestan servicio a otro profesional, que, a su vez, presta servicio a profesional, Pyme o una gran empresa (si es el caso), en una tupida red de relaciones, con más o menos actores. Además, la colaboración a distancia y la deslocalización del trabajo han venido para quedarse de la mano de la tecnología.

El colectivo crecerá en nuestro país (ver informe Trabajar en 2033, elaborado por PwC), no sólo en los servicios profesionales más o menos cualificados, sino que se hará extensivo a otros trabajos con menor cualificación hasta representar en diez años el 35% de fuerza laboral española, según ATA. Esto ocurre también en otros países de nuestro entorno. Incrementará el colectivo vía el “falso autónomo”, que duda cabe, pero también a través de la descentralización del trabajo, que permite a las empresas contratar el mejor talento en una suerte de subasta permanente, haciendo outsourcing de todo tipo de actividades.

El futuro del autónomo, en este contexto, es:

-> ¡Competir en un mundo global! Pero competir en precio localmente, también, en estar en medio de una puja permanente y cotidiana, donde será muy difícil la diferenciación.

-> Ser emprendedor a la fuerza, dado que no habrá opciones para postularse a empleos formales asalariados. Esto obligará a cada quién a conocer técnicas de gestión y desarrollar habilidades (¡conocimientos de fiscalidad y negociación con los bancos!) que requiere el ejercicio profesional. En este sentido, es de prever una creciente profesionalización que, al buscar su supervivencia, invertirán en conocimiento y tecnología.

-> Seguirá peleando por sus derechos y reivindicando mejoras de la Ley de Autónomos, que a todas luces se quedan cortas, en mi opinión. Sin embargo, al hacerlo de forma atomizada, y no sindicalizada o agrupada, tendrá escaso éxito, salvo que las fuerzas políticas quieran hacer guiños electorales a un segmento en crecimiento (Ciudadanos, por ejemplo, está haciendo significativos gestos en esta dirección, habiendo tenido especial protagonismo en las reformas legales del pasado año 2016).

Por otra parte, en el futuro, en mi opinión, no parece factible que un estado beatífico y cuidadoso mime a los autónomos, pues le estallarán las costuras, vía crisis de ingresos por cotización de seguridad social, entre otros. Sectores como Banca y Seguros, entre otros, pondrán sus ojos de forma más concentrada en el segmento, diseñando productos y servicios para tan importante grupo social.

El autónomo del futuro

No cabe duda que los autónomos estarán en todos los sectores y en todos los niveles de la cadena productiva. Sin embargo, los estudios académicos con mayor demanda, los profesionales con más “salidas y demanda”, serán, en las próximas dos décadas :

-> Expertos en robótica.

-> Especialistas en computación cognitiva.

-> Expertos en internet de las cosas.

-> Matemáticos y estadísticos, necesarios para desmadejar la Big Data.

-> Expertos en transporte y logística: en el nuevo trasporte.

-> Profesionales centrados en gestión energética, en un contexto más independiente de las energías fósiles.

-> Expertos en ciberseguridad, ¡por supuesto!

-> Expertos en experiencia de cliente y técnicas de marketing relacional, con dominio de la comunicación digital y las comunicaciones en tiempo real, la denominada “omnicanalidad”.

-> Expertos en marketing digital

-> El expertise en medicina ¡cambiará por completo!, dado que medicina e informática, vía la aplicación de inteligencia artificial y computación cognitiva, trabajarán juntas en la sociedad cuyos albores vemos.

Necesitaremos abogados especialistas en patentes y en derecho aplicado al transporte, toda vez que estamos viendo como llega una nueva era del transporte, con coches autónomos, incluso voladores, que difuminan la formalidad de las fronteras.

Autónomos, emprendedores, autómatas y robots, serán los protagonistas de la nueva era del empleo, y nada será como solía ser en el mundo del trabajo, con un impacto social que me siento incapaz de anticipar.

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