La burocracia y la falta de incentivos fiscales son trabas a las que se enfrentan las empresas nuevas, que carecen de regulación por su perfil innovador. Lanzar una normativa es una buena opción, pero depende de la voluntad política.

Obligar a un empresario extranjero que quiere invertir en una start up española a trasladarse al país para firmar un papel en una comisaría es motivo suficiente para perder una excelente oportunidad de negocio. Algunas empresas de nueva creación se quedan a las puertas de recibir importantes rondas de financiación por este tipo de trámites burocráticos.

La fiscalidad es otra traba determinante en el éxito de estas organizaciones innovadoras y disruptivas. Por ejemplo, el coste al que se enfrenta por primera vez un emprendedor desde el día uno son casi 5.000 euros de cuota de autónomos. Esta tasa es una de las más altas del mundo, aunque en la mayoría de los estados ni siquiera existe. «Los jóvenes directivos tienen que desembolsar sus ahorros, muchas veces, incluso, sin haber generado ingresos en la fase inicial», apunta el presidente de la Asociación Española de Startups, Carlos Mateo, quien lamenta que «la falta de recursos obstaculiza el emprendimiento».

Además de estas barreras, la falta de incentivos para la inversión extranjera y la contratación de talentos, la rigidez laboral y los escasos apoyos para la investigación y el desarrollo son otros problemas a los que se enfrentan cada día las start up por falta de una normativa adecuada. «No se puede regular la economía digital desde concepciones de épocas pasadas. Debemos tener una estrategia global para armonizar unas reglas de juego igual para todos», señala Mateo, quien indica que «es fundamental garantizar la seguridad y la estabilidad jurídica para evitar la fragmentación del mercado y atraer fondos extranjeros». Es una táctica que facilita el crecimiento.

Apuesta de Estado

Establecer unas normas que regulen la actividad de estas sociedades es una buena solución, pero requiere de la voluntad política y del Estado para entender su naturaleza. «Existe falta de comprensión por parte del sector público de lo que es una start up y el ecosistema en el que se desarrolla», advierte el presidente de la asociación, que lleva cuatro años trabajando en un proyecto de ley con emprendedores, universidades, corporate, empresas tecnológicas y centros de innovación para lanzar medidas que faciliten el impulso de estas entidades innovadoras.

Según Mateo, el problema actual se traduce en la aprobación de directrices que son contrarias a la innovación [como la Ley Orgánica de la Protección de Datos] y que corrompen el mercado por la delegación de competencias en las Comunidades Autónomas [licencias de vehículo con conductor]».

Los programas SEIS en Reino Unido, Startup Nation en Francia o e-Residency en Estonia son solo algunas iniciativas que han solucionado trabas como las que afrontan nuestras start up. Para impulsar su crecimiento y esquivar las barreras es importante lanzar medidas que solucionen los siguientes problemas:

Concepto. Definir qué es una start up es fundamental para regularlas a nivel fiscal, laboral o mercantil. «Basarse en criterios como el número de trabajadores o su capacidad para levantar fondos tiene el riesgo de excluir del ámbito de aplicación de la ley proyectos que merecen el apoyo del legislador», revela José Luis Ortín, socio del departamento Mercantil de Garrigues.

Ortin explica que «estas empresas no pueden constituir un sector en sí mismas porque tienen representación en todas las áreas de conocimiento». Es decir, la maduración de una empresa nueva no es la misma en un negocio digital que en uno de investigación biotecnológica. Asimismo, la necesidad de recursos humanos o financieros también diverge.

Burocracia. El papeleo para crear, desarrollar o, incluso, cerrar una start up ralentiza su ritmo de trabajo pero no es la causa directa de su éxito o fracaso.

Por ejemplo, realizar una ampliación de capital o presentar impuestos implica tiempo, que si se tramitara de forma online sería más rápido. No obstante, «numerosos emprendedores que han triunfado, cuando dan el salto -Londres o Nueva York- confirman que la maraña regulatoria es infranqueable y los gastos de servicios legales se les han multiplicado», cuenta Ortín, de Garrigues. Algunos negocios disruptivos se ven afectados por la rigidez registral, sobre todo los vinculados al sector inmobiliario, aunque hay acciones que ya se pueden hacer a través de la firma electrónica.

Fiscalidad. La inversión inicial de muchas start up depende del apoyo de amigos, familiares o fondos, por lo que las tasas de autónomos supone un problema para la liquidez y la solvencia de estas emergentes.

Laboral. Generar empleo es un desafío para estas corporaciones que carecen de recursos. La falta de incentivos impide la contratación y la retención de talento. «El primer reto es considerar a las start up como empresarios y empleadores», afirma Eloy Castañer, socio del departamento laboral de Garrigues. Sostiene que «dicho cambio debe ir acompañado de una regulación que les permita desarrollarse transitoriamente». Es decir, crear un ecosistema con apoyos hasta que alcancen determinados volúmenes de facturación o transcurra un determinado tiempo».

I+D+i. Investigar e innovar sin recursos, pese a tener un modelo de negocio viable, se convierte en una tarea difícil. Además, es importante actualizar la definición de I+D+i en la nueva era digital: «Necesitamos una nueva forma de abordar la regulación, porque los viejos marcos normativos no sirven para abordar la realidad actual del emprendimiento», explica el presidente de la Asociación Española de Startups.

Mateo recomienda al futuro gobierno que salga de las urnas «constituir una mesa de trabajo permanente con el sector para consensuar medidas». La viabilidad de que se apruebe la ley depende de la voluntad política: «Es una apuesta de país que requiere una mayor involucración del Parlamento», concluye.

Crecer sin contratar

La fase de crecimiento de su empresa le empuja a contratar nuevos perfiles profesionales, pero se ve obligado a rechazarlos por la falta de incentivos estatales. «Necesitamos senior para expandir y escalar nuestro negocio», cuenta Iván Arévalo, el consejero delegado de la compañía de seguros online Junntar. «El problema es que cuando les presentamos nuestra oferta -con participaciones en la sociedad- les parece atractiva la idea pero después la rechazan porque en el futuro tributarían más por esas acciones que por su sueldo bruto». El empresario sostiene que «si existieran ayudas a la contratación, podría emplear a más trabajadores».

Aumentar el sueldo como hacen las ‘start up’ en Suiza, en Israel o en Estados Unidos es casi impensable, porque pone en jaque la supervivencia de la sociedad. En este sentido, el directivo reivindica subvenciones y bonificaciones por parte del Estado para generar riqueza en la sociedad. «La cultura innovadora ha cambiado pero todavía siguen existiendo trabas», concluye.

Burocracia en la tecnologia

La plataforma de alquiler de pisos y habitaciones Spotahome sufrió recientemente un ataque de plagio en su página web. Tuvo que recurrir a Inglaterra para solventar el problema lo más rápido posible: «Debido a la burocracia en España decidimos movernos para solucionarlo. Allí levantamos acta y en poco tiempo se frenó la agresión», cuenta su responsable del área legal, Patricia Álvarez. Revela que «para solucionar este tipo de ataques en nuestro país, los tiempos serían más largos».

Otra de las trabas a las que se enfrenta su empresa de base tecnológica es el proceso de patentar o registrar un software. «Resulta complicado gestionar cualquier tema relacionado con la propiedad industrial, ya que se requieren muchos trámites», asegura. No obstante, la agilidad por parte de la Administración es fundamental para que su organización pueda captar fondos de inversores extranjeros.

La experta en materia legal asegura que para paliar la lentitud de los organismos públicos, «lo mejor es apoyarse en la tecnología para consultar información de forma rápida y sencilla».

Deducciones que asfixian

Los emprendedores de Indicom Brands, marca de diseño y complementos de moda, se ven asfixiados por falta de liquidez cuando Hacienda no devuelve el dinero que sale a compensar a tiempo: «Desde que inicié la actividad en 2018 tengo más IVA soportado que deducido», lamenta Eduardo Ruiz, uno de los cofundadores y director general. Explica que su negocio afronta altas tasas de aduanas al ser de carácter internacional -cuando compra material que viene de Asia- por mercancías con las que todavía no ha generado beneficio en España. «El problema cuando hacemos la declaración y nos sale a devolver es que no lo ingresan en el tiempo indicado. Nos dicen que será reembolsado entre tres y seis meses, pero luego se extiende», reivindica Ruiz.

Apunta que «los tiempos de la Administración y la velocidad de una ‘start up’ son muy dispares». El empresario revela que les gustaría contratar nuevos talentos pero resulta difícil por la falta de apoyos e incentivos. Recuerda, además, que se tuviera que despedir personal también tendría que indemnizar a los trabajadores. «Las ‘start up’ no tienen esa capacidad», concluye el directivo.

El problema de la financiación

Consultar al médico, pedirle consejos y recetas como y donde quiera el paciente, desde cualquier parte del mundo y dispositivo móvil, es posible con ‘start up’ como Elma Care. Esta firma española, con un modelo de negocio disruptivo que funciona a golpe de clic para tener asistencia sanitaria instantánea, tiene serias dificultades para recibir financiación. «Muchos bancos tradicionales no entienden el modelo de negocio de las ‘start up’ ni el riesgo que implica nuestra forma de trabajar», apunta su consejero delegado, Miguel Ángel Antón, quien asegura que «se pone en riesgo tanto la vida profesional de la compañía como la personal, por la cantidad de recursos propios que se invierte en la empresa». Por esta razón, reivindica apoyos desde los organismos estatales para soportar determinados gastos en la fase inicial.

Antón afirma que «la mejor opción para evitar tantas trabas es que se defina qué es una ‘start up’, ya que su naturaleza con carácter tecnológico dista de cualquier entidad tradicional».

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