El porcentaje de innovadores que lanzaron su propio negocio se ha estabilizado en torno al 6% en el último año, pero la crisis sanitaria provocada por la pandemia de coronavirus plantea interrogantes en el corto plazo y para el futuro.

En los años que precedieron a la crisis de 2008, el porcentaje de personas que habían puesto en marcha una nueva empresa en España se había estabilizado por encima del 7%. Sin embargo, la caída a partir de aquel año fue repentina: la tasa tocó fondo en 2010 con un desplome hasta el 4,3%.

Ajena a la pandemia que estaba a punto de llegar, los indicadores señalan que la tasa de emprendedores se mantenía constante en 2019. En particular, el porcentaje de la población que cuenta con un negocio nuevo o incipiente (que ha abonado salarios durante menos de 42 meses) se ha estabilizado en el último año en el 6,1%. El dato refleja una tendencia estable por encima del 6% desde 2017, pero España se encuentra lejos aún del promedio de las economías de la Unión Europea (9,6%).

Estas son las certezas de los registros previos a la crisis sanitaria del Covid-19. La etapa poscoronavirus plantea incertidumbres, pero los emprendedores continuarán siendo esenciales para la economía española. Se trata de una de las principales conclusiones del Informe GEM España 2019-2020 sobre emprendimiento, elaborado por el Observatorio del Emprendimiento de España con el respaldo de CISE (Centro Internacional Santander Emprendimiento), Banco Santander a través de Santander Universidades y Enisa.

Las motivaciones

La mayoría de los emprendedores (el 59,5%) apuesta por fundar su propia compañía con la motivación de crear riqueza o de llegar a tener una renta muy alta. El 49% lo hace con la intención de «marcar una diferencia en el mundo» y el 42% para ganarse la vida debido a la escasez de empleo. Por el contrario, sólo el 13% de las personas emprende para continuar con una tradición familiar.

En cuanto al perfil de los creadores de compañías, la edad media de las personas que emprendieron durante el último año es de 40 años. Aunque los varones siguen siendo mayoría, el ecosistema español lleva seis años seguidos reduciendo la brecha de género. La paridad cada vez está más cerca: en 2019 la participación masculina (51,6%) fue ligeramente superior a la femenina (48,4%).

Esta radiografía de los emprendedores pone de manifiesto el alto grado de formación del que disponen, en términos generales. El 46% cuenta con estudios de educación superior o posgrado, mientras que el 58% ha recibido formación específica para la creación de empresas. Este capital de conocimiento puede ser el motivo de la confianza que los emprendedores españoles tienen en ellos mismos: el 85% de los empresarios nacionales considera que posee los conocimientos y las habilidades necesarias para crear una compañía.

Por otra parte, los datos demuestran que lanzar un negocio resulta más sencillo para quienes ya disponen de músculo financiero. Dado que los recursos propios suelen ser la principal fuente de financiación durante las fases más tempranas, el nivel de renta resulta un factor determinante a la hora de emprender. El porcentaje de emprendedores entre las personas con más recursos (ubicadas en el tercio superior de renta) se eleva hasta el 11,9%. En los niveles medios de renta, el porcentaje de emprendedores es del 4,6%, y en los escalones inferiores se reduce al 4,5%.

Acerca de las principales alternativas de procedencia del capital semilla, los ahorros personales son la fuente de financiación más utilizada para los nuevos negocios, con el 58,5% del total. Las otras fórmulas más habituales ponen el foco en las entidades financieras (21%) y en los familiares (6,9%). Como viene sucediendo en los últimos años, estas tres vías representan el origen de la financiación en fases tempranas para la gran mayoría de los emprendedores. Lejos de estas, otras fuentes alternativas son las subvenciones y ayudas públicas y la inversión de business angels. El crowdfunding y los préstamos de amigos quedan como las opciones menos frecuentes.

Cómo son las empresas

Para que la actividad emprendedora sea productiva, las nuevas empresas deben innovar, crear empleo y salir al extranjero para generar valor. En el último año ha aumentado la creación de compañías en los sectores de transformación (manufactura) y servicios a empresas en España. En comparación con 2015, el porcentaje de compañías surgidas en ambos sectores ha aumentado alrededor del 5%, hasta situarse en el 20% y el 35% respectivamente sobre el total de nuevos negocios.

Durante los últimos cinco años, las empresas de reciente creación que emplean a más de cinco personas han crecido desde el 4,6% hasta el 13%. De hecho, algunas han llegado a crear sus propias spin off. No obstante, menos del 20% de los emprendedores aspira a desarrollar un negocio que dé trabajo a más de cinco trabajadores en un lustro.

La entrada en mercados internacionales es otra vía para crecer, pero sólo el 7% de las nuevas empresas españolas tiene más del 25% de su facturación en mercados extranjeros. Se trata de una cifra muy inferior a la media de los países europeos (18,8%) y de las economías más ricas (16%).

En todo caso, la actividad emprendedora en España parece dirigirse hacia su consolidación. El porcentaje de personas que ha abandonado un negocio en el último año muestra una conexión lógica con el ciclo económico: este indicador aumentó en España de forma considerable entre 2007 y 2011, y alcanzó un valor máximo de 2,2%. Desde entonces, la población involucrada en el abandono de proyectos ha disminuido su peso relativo hasta el 1,6% en 2015 y se ha mantenido estable en los últimos años, con la única excepción de un repunte en 2017.

Obstáculos y desafíos

El ecosistema emprendedor de un país refleja las percepciones de su población general: algunas fomentan la creación de empresas y otras la desincentivan. Sólo el 36% de los españoles considera que existen buenas oportunidades de negocio en este momento, un dato sensiblemente inferior al que registran los países vecinos (52%). Asimismo, el 51% de la población española percibe que dispone de los conocimientos y habilidades para emprender, registro que se sitúa por debajo del porcentaje de las economías en vías de desarrollo, aunque al mismo nivel que los países europeos.

En el apartado de las percepciones limitantes, el miedo al fracaso se posiciona como un obstáculo especialmente destacado a la hora de emprender para más de la mitad de los españoles (55%). Este porcentaje está muy por encima de la media europea (43%). El 42% de la población española conoce a personas que han emprendido recientemente, un dato que llega al 50% en el conjunto de Europa.

Mientras que en algunos países los emprendedores son referentes para la sociedad y gozan de un estatus importante, otro de los desafíos es el escaso reconocimiento social que se concede en España a este colectivo. Apenas el 57% de la población estima que emprender es una buena opción profesional, el 58% cree que los emprendedores cuentan con un estatus social y económico positivo, y el 54% considera que los creadores de empresas de éxito tienen visibilidad en los medios de comunicación. Sólo el primero de estos tres datos se encuentra alineado con la media europea.

En comparación con otras economías de ingresos altos, España se encuentra muy por debajo de la media en los indicadores tanto de percepción de oportunidades como de conocimientos y habilidades para emprender. España supera la media europea sólo en dos aspectos: la equidad de los estándares de vida y el miedo al fracaso, un factor que precisamente actúa como inhibidor del emprendimiento.

Los trámites administrativos necesarios para poner en marcha un negocio tampoco dejan una lectura positiva. Tan solo el 37% de la población española considera que resulta fácil crear una empresa, un porcentaje que superan con creces los países desarrollados e incluso los que se encuentran en vías de desarrollo.

Además, el intraemprendimiento -un concepto muy vinculado a la madurez de los ecosistemas de innovación- parece estancado en España. Sólo el 1,7% de la población general, la misma cifra que en la edición pasada, ha participado en la activación de ideas e iniciativas emprendedoras para la empresa en la que han trabajado en los últimos tres años. En el ámbito nacional, los mayores índices se concentran en Aragón, Madrid y Navarra, pero la actividad en España sigue muy por debajo de la media europea (4,8%).

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